Compañeros de viaje


Me encanta viajar, si no fuera por falta de dinero y tiempo me pasaría gran parte de mi vida viajando. Recuerdo grandes viajes en mi vida, mi primer viaje de fin de curso a Doñana, la primera aventura en mitad del monte en Sierra culebra, el inolvidable viaje de supervivencia a Marruecos o el romanticismo de París con mi niña, sin olvidarme claro de los cienes de sitios visitados con mi family con la tienda de campaña a cuestas.

Ahora tocaba probar otra forma de viajar, el concepto es fácil: viaje de fin de curso, pero la idea se complica cuando resulta que uno de los responsables eres tú, y los otros 59 acompañantes son adolescentes de 16 años, con ganas de todo eso de lo que todos hemos tenido ganas a los 16, a los 17, a los 18... y para qué ocultarlo, a los 32.

No es cuestión de relatar todos los pormenores del viaje, pero sí dejar constancia de lo bien que me lo he pasado, y de lo fácil que es prejuzgar a la gente. Porque nuestros chicos han dado ejemplo de saber exprimir al máximo la experiencia sin necesidad de recurrir a ninguna de las situaciones que a todos se nos pudieran pasar por la cabeza. Era de necesidad agradecerles los buenos momentos que nos han dado, aunque ninguno realmente lo vaya a leer.